El aula inversa: Los desafíos de un modelo de aprendizaje para la era digital

La revolución digital se reconoce como uno de los cambios más notables de los últimos tiempos, con una profunda impresión en la humanidad, luego de la revolución industrial. Este cambio radical se revela en plenitud en una variedad de campos, particularmente, en educación, sociología, psicología, economía, ingeniería, transporte, comunicaciones y salud. El cambio más crítico, que observamos, se relaciona con la estructura, contenido, significado e inmediatez de la información. En educación, la revolución digital nos está obligando a reestructurar los sistemas educativos, proceso que revela la necesidad de actualizar y cuestionar los tradicionales escenarios de enseñanza-aprendizaje, los roles de docentes y discentes, los recursos educativos y, por cierto, la gestión del conocimiento (KM).

Desde esta cosmovisión, hay acuerdo entre los especialistas de que será cada vez más difícil educar a la nueva generación con métodos convencionales, particularmente, considerando que vivemos en un mundo que cambia a pasos agigantados y, en el cual, la innovación es un proceso permanente. De hecho, se estima que los ambientes de aprendizaje enriquecidos en tecnología llevan a los estudiantes a un nivel superior, en el cual se fusionan sus competencias disciplinares (competencias duras) y transversales (competencias blandas), preparándolos mejor para el futuro. Los especialistas nos referimos a este modelo como T-shaped education. Adicionalmente, si utilizamos la tecnología digital, de manera consciente y adecuada, generaremos enormes beneficios no sólo para los estudiantes, sino también para los docentes. Aún más, la tecnología digital es considerada como una herramienta que promueve y facilita el aprendizaje y que, incuestionablemente, mejora la calidad de los sistemas educativos, en respuesta al desarrollo sostenible, que nos impone la Agenda 2030 de las Naciones Unidas.

Desde este punto de vista, me encuentro liderando un Proyecto de innovación curricular, en una universidad privada chilena, basado en el aula inversa (flipped classroom), con uso intensivo de tecnología digital y métodos de aprendizaje activo. Dicho en forma simple, el proceso de enseñanza y aprendizaje se gestiona en dos ambientes: una fase de autoaprendizaje, implementada en un campus virtual y una fase de práctica, desarrollada en salas de clase físicas (Fig. 1).

Figura 1. Aula inversa

El modelo de aula inversa no es nuevo. De hecho, se remonta a hace unos 20 o 25 años. Sin embargo, éste ha evolucionado en línea con el desarrollo y avance de la tecnología digital. Se puede considerar una innovación disruptiva, si emerge rápidamente y rompe con el status quo. Teóricamente, se trata de un modelo que integra tareas cognitivas de bajo nivel (conocimiento y comprensión), llevadas a cabo en el campus virtual y tareas metacognitvas de alto nivel (aplicación, análisis, evaluación y creación), desarrollas en el aula física.

Objetivamente, toda disrupción se enfrenta a barreras, obstáculos y retos para su desarrollo. A pesar del creciente reconocimiento de las innovaciones disruptivas por su potencial para generar un alto crecimiento y añadir valor, los obstáculos y amenazas que le sobrevienen, hacen necesario profundizar y ahondar en qué tipo colaboradores se necesitan para apalacar el cambio. En este sentido, nuestro proyecto no ha estado exento de problemas de aceptación, adhesión y adaptación. Ciertamente, el factor docente es clave para apalancar cualquier innovación intensiva en tecnología. Esto debido a que la tecnología digital está cambiando nuestros enfoques pedagógicos, nuestras expectativas, nuestro comportamiento e incluso nuestra mentalidad laboral.

Ahora bien, desde la perspectiva de la economía de plataformas, nuestro proyecto demanda docentes que demuestren capacidad para trabajar en forma colaborativa en la creación de contenidos para su digitalización en el campus virtual. Entonces, estamos hablando de nuevas combinaciones para producir valor. Ciertamente, los docentes acostumbrados a trabajar desde el enfoque individual, zona de confort o de silo funcional parecen no tener espacio para la innovación y creación conjunta. En todo caso, es común que en las innovaciones disruptivas se de una suerte de screening natural, donde unos se quedan y otros se van.

Comparativamente, en el modelo tradicional de clase, el docente pone su tiempo y sus destrezas a disposición de una carrera o facultad. No obstante, hoy en día el marco académico y la concepción de la docencia para el siglo XXI son completamente distintos. En nuestro proyecto y, dado que infundimos competencias blandas, bajo un modelo de sello formativo, estamos apostando a una gestión del conocimiento (KM), que cree una nueva conexión explicita entre la perspectiva individual y la colaborativa. Por tanto, estamos hablando de docentes compremitidos con la innovación y el desarrollo profesional permanente y sostenible. En efecto, muchas veces en los sistemas educativos tradicionales, las metas de los docentes y de las organizaciones educativas están enfrentadas. En un sistema transversal, necesitamos docentes con una metalidad profesional, que les permita valorar el trabajo colaborativo y participar activamente en una Comunidad de práctica para así ayudar a dinamizar y enriquecer nuestra innovación.

En este contexto, aparecen nuevas formas trabajo que dibujan un nuevo mapa de docencia. Uno que muestra una población de docentes contactados, interdependientes, con un fuerte sentido de interés y curiosidad por las tendencias emergentes, con hiperpertenencia (están constantemente explorando entornos internos y externos para detectar oportunidades y amenazas); y, esencialmente profesionales colaborativos capaces de co-crear, de manera ubicua, (anytime, anywhere). En efecto, el aula inversa diluye la frontera física. Por tanto, es tiempo de dejar atrás la idea de “ir al campus a conectarse”, ya que el progreso tecnológico continuará en el mundo global, allí en la nube, abriendo nuevos escenarios de aprendizaje. Pero, estos escenarios sólo beneficiarán a los stakeholders (docentes y discentes) que estén realmente preparados para el cambio.

Acerca de Fernando Vera

Soy Doctor en Ciencias de la Educación, c/m en evaluación y acreditación. Por sobre todo, me motiva el cambio transformacional de personas y organizaciones.
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