La reflexión en la acción y en la práctica

reflexionLa reflexión implica cuestionar, de alguna forma, la experiencia que hemos tenido, ya sea que hayamos recibido la información, observado un evento, resuelto un problema o simplemente experimentado un fenómeno. La reflexión puede ser analítica cuando descomponemos las ideas, de manera lógica, y determinamos sus conexiones; puede ser creativa cuando hacemos una síntesis de nuestros pensamientos que nos permitan comprender mejor una materia; y puede ser evaluativa, cuando juzgamos el significado o relevancia de una experiencia. Como vemos, la reflexión nos conduce invariablemente a una comprensión más profunda, que nos permite darle mayor sentido a nuestra experiencia, cambiar, y ser mejores personas y profesionales.

Para contextualizar, considera el siguiente escenario: Estás trabajando cuando tu jefe te llama por tu nombre, a la distancia, y con un tono acusador “Juan, ven. Hay un tema que tratar”. Comprendiendo el significado del mensaje, te levantas de tu puesto de trabajo y te diriges hacia donde escuchaste que venía la voz de tu jefe. Lo sigues y llegas hasta la recepción de la empresa. Allí está tu jefe, parado frente a la recepcionista, quien cuando te ve, te increpa y te dice “Yo no te dije que le pidieras a Margarita que te enviará la correspondencia”. Cabe señalar que antes del incidente le habías preguntado a tu jefe sobre el procedimiento para despachar ciertos documentos a otra sucursal. Tu jefe te informó que él había realizado el mismo procedimiento a través de la recepcionista.

Con referencia a esa información, actuaste de la siguiente manera: Te dirigiste hacia la recepcionista y le solicitaste, a nombre de tu jefe, enviar la correspondencia a la sucursal. El hecho fue que la recepcionista le señaló a tu jefe que sus funciones no eran despachar correspondencia y que tú le habías pedido, a nombre de él, hacerlo. Claramente, aquí se evidencia un problema de comunicación y de falta de procedimiento para el despacho de correspondencia a la sucursal. Como resultado, tú sentiste menoscabado como profesional y amonestado por tu jefe y amonestado por tu jefe ante la presencia de una recepcionista.  Aunque entiendes que se trata de un problema de comunicación y de falta de procedimiento, te disculpas con tu jefe. Sin embargo, él no actúa con la inteligencia emocional esperable en un líder porque no aborda la situación para analizarla en rigor; tampoco presta atención a tus sentimientos, y ambos terminan distanciándose, manteniendo un mínimo de comunicación. Más tarde, al analizar la situación, te das cuenta que son varios los involucrados en ella, siendo tú, aparentemente, el único en reflexionar. Claramente, esta situación pudo haber tenido un final distinto si todos los involucrados, a partir de la experiencia vivida, hubiesen reflexionado sobre el incidente, ayudándose mutuamente a mejorar sus relaciones y gestión.

Es más, la relación entre la reflexión, la acción y la práctica ha sido el foco de la atención de estudios sobre gestión y organizaciones que aprenden. En gran medida, esto se debe al trabajo de Schön (1987), quien nos abrió un nuevo camino hacia el mejoramiento continuo. Este investigador nos hizo darnos cuenta de la importancia de la reflexión en los colaboradores, pero, con mayor razón, en los líderes. En Chile, la evidencia nos muestra que aún nos falta por aprender en la acción y en la práctica para llevar a construir ambientes efectivamente virtuosos, aquellos en donde el capital humano es lo más valioso de la empresa. Esto puede deberse a la inmediatez de la toma de decisiones, que observamos en la actualidad, y a la poca importancia que se otorga a quienes colaboran para el buen desempeño de la empresa. De hecho, el 80% de los líderes organizacionales toman decisiones en menos de un minuto (Klein, 1998). Como vemos, la reflexión, que es esencial para el mejoramiento continuo, parece no importar mucho en algunas organizaciones, incluyendo las educativas. Por otra parte, aunque el trabajo de Schön ha influido notoriamente en diversas disciplinas, tales como enfermería, educación, planificación, y gestión, la teoría sobre la reflexión en la acción y en la práctica ha sido rara vez examinada críticamente.

En definitiva, podemos concluir que desde la perspectiva de la cognición, no podemos hacer una separación entre la acción, la práctica y la reflexión, puesto que esta última no puede ser considerada como un componente más de la triada. De hecho, la reflexión debiera ocupar un estatus superior en todos los profesionales de este convulsionado siglo. Sin embargo, la principal dificultad para generar reflexión en la acción y en la práctica se encuentra en la incapacidad de algunos líderes de generar diálogo y de volver a revisar situaciones de tal forma de permitir que sus colaboradores, junto con ellos mismos, reflexionen en todo momento, aunque sea como una rutina improvisada. Esto haría romper la mala práctica de algunos llamados “líderes con cargo” de increpar y amonestar en público a sus colaboradores, quienes son el alma y fuerza de toda empresa.

Referencias bibliográficas
Klein, G. (1998). Sources of Power. Cambridge: MA: MIT Press.
Schön, D. (1983). The reflective practitioner: How professionals think in action. New York. Basic Books.

Acerca de Fernando Vera

Soy Doctor en Ciencias de la Educación, c/m en evaluación y acreditación. Por sobre todo, me motiva el cambio transformacional de personas y organizaciones.
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